La Pastoral Familiar de la Parroquia Nuestro Señor San José de Paraguachí, con profunda gratitud al Señor. celebraron el Día de San Valentín, uno celebración vivida en espíritu de fe y comunión como una oportunidad para elevar el amor conyugal hacia su origen divino. Bajo el lema inspirado en la Primera Carta a los Corintios: «Celebrando el amor que todo lo espera y todo lo soporta» (cf. 1 Cor 13,7), las parejas casadas de nuestra comunidad se congregaron el 14 de febrero en un encuentro cargado de gracia sacramental. La actividad contó con la participación especial de nuestro Párroco, Pbro. Emmanuel González, quien presidió e impartió la bendición de inicio de la cena compartida, invocando la protección de Dios sobre cada hogar y recordando que el amor humano, cuando está unido a Cristo, se convierte en camino de santificación
Entre dinámicas fraternas que fomentaron el diálogo y la cercanía, momentos de buena compañía entre hermanos en la fe, y la bendición impartida por la parroquia, se reafirmó con gozo que el amor es un regalo divino que se cultiva día a día, regado por la oración, nutrido por los sacramentos y fortalecido en la cruz diaria del matrimonio. Revistiéndonos del amor, que es el vínculo de la perfección (Col 3,14), cada matrimonio fue invitado a reconocer en su unión el reflejo del amor fiel de Dios, tal como se manifestó en la Sagrada Familia de Nazaret.Los rostros radiantes de alegría y compromiso de nuestros matrimonios parroquiales se convirtieron en testimonios vivos de que, con la bendición del Señor y bajo la mirada protectora de San José, el amor no se agota, sino que se renueva cada amanecer. Cada pareja, con sus virtudes y desafíos, sus promesas renovadas y su entrega cotidiana, es un signo elocuente del amor indisoluble que Cristo ha instituido para su Iglesia.
¡Que San José, Esposo castísimo de la Virgen María, custodio fiel de la Sagrada Familia y Patrón de la Iglesia universal, continúe velando por los hogares de nuestra parroquia! Que interceda para que en cada familia de Paraguachí reine la paz, la fidelidad inquebrantable, el perdón generoso y la caridad mutua, convirtiendo cada casa en un pequeño Nazaret donde Jesús sea siempre el centro y el huésped amado.






