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El Papa en el Ángelus: No a cristianos de ocasión sino a testigos del Reino

https://youtu.be/rt4PAYiydR8Este domingo 6 de julio, en su alocución previa a la oración mariana del ángelus, el Santo Padre invocó a la Virgen María para que “interceda por nosotros y nos acompañe en el camino del seguimiento del Señor, para que también nosotros podamos convertirnos en alegres trabajadores del Reino de Dios”.  Renato Martinez – Ciudad del Vaticano La Iglesia y el mundo no necesitan “cristianos de ocasión” que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento religioso o participan en algún evento; sino “obreros deseosos de trabajar en el campo de la misión, discípulos enamorados que den testimonio del Reino de Dios”. Este es el centro de la reflexión que el Papa León XIV dirigió este domingo 6 de julio, a los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, para rezar la oración mariana del ángelus.                    La esperanza del Evangelio está destinada a todos Al comentar el Evangelio de este XIV Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre dijo que, hoy san Lucas (10,1-12.17-20) nos recuerda la importancia de la misión, a la que todos estamos llamados, cada uno según su vocación y en las situaciones concretas en las que el Señor lo ha puesto. “Jesús envía a setenta y dos discípulos (v. 1). Este número simbólico indica que la esperanza del Evangelio está destinada a todos los pueblos. Tal es la amplitud del corazón de Dios: su abundante cosecha, es decir, la obra que Él realiza en el mundo para que todos sus hijos sean alcanzados por su amor y sean salvados”. Dios ha salido generosamente al mundo a sembrar Y siguiendo su comentario, el Obispo de Roma señaló que, por un lado, Dios, como un sembrador, ha salido generosamente al mundo a sembrar y ha puesto en el corazón del hombre y de la historia el deseo de infinito, de una vida plena, de una salvación que lo libere. “Por eso la mies es mucha, el Reino de Dios germina como una semilla en la tierra y los hombres y mujeres de hoy, incluso cuando parecen abrumados por tantas otras cosas, esperan una verdad más grande, buscan un sentido más pleno para su vida, desean justicia y llevan en su interior un anhelo de vida eterna”. Son pocos los obreros que van a trabajar al campo Asimismo, el Pontífice indicó que, por otra parte, son pocos los obreros que van a trabajar al campo sembrado por el Señor y que, antes aún, son capaces de reconocer, con los ojos de Jesús, el buen grano listo para la cosecha. “Hay algo grande que el Señor quiere hacer en nuestra vida y en la historia de la humanidad, pero son pocos los que se dan cuenta, los que se detienen para acoger el don, los que lo anuncian y lo llevan a los demás”. No a “cristianos de ocasión”, si a “discípulos enamorados” del Reino Por ello, el Papa León señaló que, hoy la Iglesia y el mundo no necesitan personas que cumplen con sus deberes religiosos mostrando su fe como una etiqueta exterior; necesitan, en cambio, obreros deseosos de trabajar en el campo de la misión, discípulos enamorados que den testimonio del Reino de Dios dondequiera que se encuentren. “Quizás no falten los ‘cristianos de ocasión’, que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento religioso o participan en algún evento; pero son pocos los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana, a la familia, a los lugares de trabajo y de estudio, a los diversos entornos sociales y a quienes se encuentran en necesidad”. María interceda por nosotros para ser alegres testigos del Reino Y para hacer esto, precisó el Papa, no se necesitan demasiadas ideas teóricas sobre conceptos pastorales; se necesita, sobre todo, rezar al dueño de la mies y profundizar en “la relación con el Señor, cultivar el diálogo con Él”. Entonces Él nos convertirá en sus obreros y nos enviará al campo del mundo como testigos de su Reino. “Pidamos a la Virgen María, que se entregó generosamente diciendo «Yo soy la servidora del Señor», y participando de esta forma en la obra de la salvación, que interceda por nosotros y nos acompañe en el camino del seguimiento del Señor, para que también nosotros podamos convertirnos en alegres trabajadores del Reino de Dios”.

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León, y la Iglesia “pequeña levadura” de unidad y amor

León, y la Iglesia “pequeña levadura” de unidad y amor Las palabras de la homilía del Obispo de Roma que inicia su servicio a los hermanos  Andrea Tornielli “Fui elegido sin ningún mérito y, con temor y temblor, vengo a ustedes como un hermano que quiere hacerse siervo de su fe y de su alegría, caminando con ustedes por el camino del amor de Dios, que nos quiere a todos unidos en una sola familia.” Así se presenta el Papa León XIV, obispo misionero, nieto de migrantes, 267º Obispo de Roma. Las palabras sencillas y profundas de la homilía en la misa de inicio de su ministerio representan un programa que nos habla de una alteridad y de un estilo. Una alteridad, porque en nuestro mundo tan marcado por las guerras, por el odio, la violencia y las divisiones, la palabra humilde del Sucesor de Pedro proclama el Evangelio del amor, de la unidad, de la compasión, de la fraternidad, de un Dios que nos quiere como una sola familia. Una alteridad también porque busca dar testimonio de amor, de diálogo y de comprensión, para derrotar el odio y la guerra que comienzan en el corazón humano, ya sea que ese corazón empuñe armas contra su hermano o lo crucifique con la arrogancia de palabras que hieren como piedras. Y un estilo, porque León ha recordado que el ministerio de Pedro es ser servus servorum Dei (siervo de los siervos de Dios). Su servicio es el del amor y la entrega de la vida por los hermanos: “La Iglesia de Roma preside en la caridad, y su verdadera autoridad es la caridad de Cristo”. Por lo tanto, no se trata nunca “de capturar a los demás mediante el dominio, la propaganda religiosa o los medios del poder”, como tantas veces somos tentados a hacer en cada época, recurriendo a lo colateral, las estructuras, el protagonismo, el marketing religioso, las estrategias diseñadas desde el escritorio. Se trata, en cambio, “siempre y solamente de amar como lo hizo Jesús”. Por eso Pedro “debe apacentar al rebaño sin ceder nunca a la tentación de ser un caudillo solitario o un jefe por encima de los demás, haciéndose dueño de las personas que le han sido encomendadas”. Al contrario, a él se le exige amar más. A él “se le pide servir la fe de los hermanos, caminando junto a ellos”. En estas últimas palabras puede vislumbrarse la imagen del Buen Pastor que tantas veces propuso el Papa Francisco. Es la imagen del pastor que camina delante del rebaño para guiarlo; en medio del rebaño para acompañarlo, sin sentirse superior ni separado; y también detrás del rebaño, para que nadie se pierda y así poder recoger a los últimos, a los más cansados del camino. El obispo misionero que hoy se sienta en la Cátedra de Pedro nos invita, por tanto, a anunciar el Evangelio del amor, “sin encerrarnos en nuestro pequeño grupo ni sentirnos superiores al mundo”. La Iglesia es un pueblo de pecadores perdonados, siempre necesitados de misericordia, que por eso mismo deberían estar “vacunados” contra cualquier complejo de superioridad, como seguidores de un Dios que eligió el camino de la debilidad y se rebajó hasta aceptar la muerte en la cruz para salvarnos. “Estamos llamados a ofrecer a todos el amor de Dios”, dijo el Papa León, para ser, en la masa del mundo, “una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad” y así dirigir la mirada hacia lo lejos, para ir al encuentro de las preguntas, las inquietudes y los desafíos de hoy.

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El pueblo de Dios recibe con gozo a León XIV

La unidad en la diversidad: el pueblo de Dios recibe con gozo a León XIV Los 200 mil fieles que esperaron al Papa en la Plaza de San Pedro y participaron en las celebraciones reflejan el rostro de la Iglesia Universal, enriquecida por diversas identidades que transmiten fe y esperanza. Religiosos, cofradías, familias y jóvenes regresan a sus hogares llevando consigo los frutos de la unidad.  Marco Guerra – Ciudad del Vaticano La unidad en la diversidad fue el mensaje que, con profunda devoción, expresó el pueblo de Dios llegado de todo el mundo para participar en la Misa solemne de inicio del magisterio petrino de León XIV. Desde las primeras horas del día, el entusiasmo de los 200 mil fieles reunidos en la Plaza de San Pedro era evidente en el ondear de decenas de banderas de países de los cinco continentes. Durante la espera, el rezo del rosario llenó el ambiente con recogimiento, mientras los símbolos de innumerables cofradías —llegadas a Roma en los días previos para su Jubileo— añadían color y tradición al momento. Muchas de ellas prolongaron su estancia en la ciudad para rendir homenaje al nuevo Pontífice. La espera se transformó en júbilo incontenible cuando, poco después de las 9 de la mañana, el Papa apareció en la Plaza de San Pedro a bordo del Papamóvil, recorriendo toda la Via della Conciliazione hasta la Plaza Pia. Los saludos y bendiciones de León XIV fueron recibidos con emoción por miles de fieles que seguían su paso con miradas, corazones y cámaras en alto, intentando captar con una imagen un momento que quedará grabado en la memoria de los peregrinos, quienes volverán a sus hogares con emociones intensas y vivencias que compartir. Cada uno vivió esta experiencia comunitaria sin perder su historia y su fe personal. Durante las horas de espera y celebración, los micrófonos de Radio Vaticana – Vatican News recogieron los testimonios de personas de todas las edades, nacionalidades y condiciones sociales. Luciano, un joven de 20 años de Tolentino (Marcas), viajó con tres amigos desde la madrugada para estar en primera fila junto a la balaustrada por donde pasó el Papamóvil. Giuseppe, miembro de la Cofradía de la Santísima Asunta de Nicosia, ofreció un sincero testimonio de la profunda religiosidad de su tierra. Fray Pascal, franciscano de la Inmaculada, vivió su presencia en la plaza como un «signo de unidad con el sucesor de Pedro», de quien espera «muchos frutos para la unidad de la Iglesia». También estuvieron presentes muchas familias que viven su fe con alegría, como Ginevra, una joven que asistió junto a su madre Anna Maria y su abuela Pina, tres generaciones de mujeres llegadas desde Tripuzzi, en el Salento, para mantener viva una tradición que pasa de madre a hija. La homilía y la oración del Regina Coeli, seguidas con silencio y atención, fueron la confirmación del compromiso consciente con el que el pueblo de Dios participó en esta jornada histórica. Y cuando las campanas de San Pedro resonaron en el aire, cada rostro reflejaba más que emoción: era la certeza de haber vivido un momento de gracia compartida. Porque más allá de los idiomas y las distancias, lo que unió a todos en esa plaza fue una fe viva, que no solo se celebra, sino que se lleva en el corazón, como luz para el camino que comienza.

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“Santos para todos”

La Iglesia en Venezuela se prepara para sus dos primeras canonizaciones La Iglesia Católica en Venezuela presentó este 14 de mayo la campaña “Santos para todos”, con la que busca promover la vida y el testimonio de santidad de los beatos José Gregorio Hernández y Madre Carmen Rendiles, cuyas causas de canonización fueron aprobadas hace pocas semanas por el Papa Francisco. La Arquidiócesis de Caracas, en una rueda de prensa este miércoles, señaló que se espera que durante el próximo consistorio de cardenales, el Papa León XIV determine la fecha en que se celebrará la canonización de ambos beatos, que se convertirán en los primeros santos venezolanos. “Esto es un proceso. Hay que esperar el inicio del ministerio del Papa León el próximo domingo. La comisión está trabajando en los contactos pertinentes para conocer cuándo sería  el consistorio y cuándo sería la canonización. Hay que esperar. Después de la canonización, se realizará un gran acto a nivel nacional con la participación de todos los obispos”, aseguró Mons. Jesús González de Zárate, Arzobispo de Valencia y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV). Junto a Mons. González participaron como voceros el Arzobispo de Caracas, Mons. Raúl Biord; la superiora general de las Siervas de Jesús, Madre Rosa Ríos; el Obispo de Trujillo, Mons. José Trinidad Fernández y el ingeniero Alejandro Marius, director de la comisión central para las canonizaciones. Santos para todos Mons. Biord presentó la campaña “Santos para todos”, para promover las virtudes, la obra y el legado de estos dos grandes venezolanos del siglo XX. Ante los medios de comunicación, el arzobispo dio a conocer el material gráfico —logo y afiches— que se difundirán en todo el país como preparación para el día de la canonización. “La canonización de los dos beatos es una meta que se alcanza tras un proceso. Qué bonito que los dos llegaron en el mismo año, en un año santo. Además, fue el último regalo que  nos dio el papa Francisco a Venezuela. Es un camino propuesto para todos, ¡Santos para todos!”, dijo Mons. Biord. En junio y en el marco de la campaña, la Iglesia venezolana estrenará una serie de cápsulas audiovisuales en televisión, radio y medios digitales, a fin de dar a conocer las lecciones de vida de José Gregorio y Madre Carmen, entre toda la población venezolana. Serán veinte piezas basadas en las similitudes entre ambos insignes venezolanos, quienes dedicaron sus vidas a ayudar a los vulnerables, sentían un compromiso con nuestro país, se sobrepusieron a adversidades y fueron fieles a la voluntad de Dios Al ser consultado por ACI Prensa sobre cómo la campaña puede traducir el testimonio de santidad de los beatos a un lenguaje que inspire a los jóvenes a quedarse en el país y contribuir a construir un futuro mejor, el Obispo de Trujillo aseguró que la juventud venezolana está siempre en la búsqueda de “una autenticidad de vida”. “Quien mejor que José Gregorio y la Madre Carmen para ser ejemplo de esto. Los jóvenes sienten el deseo de vivir más su fe. Ambos los invitan a cultivar virtudes de academia, estudio y vivencia de la fe, que permitirán que muchas cosas puedan cambiar en la vida de los jóvenes y de nuestro pueblo”, dijo Mons. Fernández.  “La santidad —concluyó— es una propuesta de proyecto de vida para todos los venezolanos, también para los jóvenes, porque no queda nadie por fuera”. Por: Andrés Henríquez ACI Prensa.

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León XIV es el nuevo Papa

El cardenal Robert Francis Prevost es el nuevo Sucesor de Pedro León XIV es el nuevo Papa El Cónclave ha elegido al 267º Obispo de Roma, el Cardenal Robert Francis Prevost . El anuncio dado a la multitud por el Cardenal Protodiácono Dominique Mamberti. Vatican News Annuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam!, “Les anuncio con gran alegría: ¡Tenemos Papa!”. Hace unos instantes, desde el Balcón central de la Basílica de San Pedro, el Cardenal Protodiácono Dominique Mamberti ha pronunciado la esperada fórmula latina, comunicando a Roma y al mundo el nombre del nuevo Sucesor de Pedro: “Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, Dominum Robertum Franciscum Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinale Prevost, qui sibi nomen imposuit León XIV. He aquí la traducción en español: “Eminentísimo y Reverendísimo Señor, Señor Robert Francis Cardenal de la Santa Romana Iglesia Prevost, quien ha tomado el nombre de León XIV”.

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La elección del Papa, de la fumata blanca al «Habemus Papam”

He aquí lo que ocurrió en la Capilla Sixtina en los minutos previos a la fumata y lo que sucedió antes del anuncio hecho por el cardenal protodiácono Mamberti, desde la Logia de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro, del nombre del nuevo Obispo de Roma. Alessandro Di Bussolo – Ciudad del Vaticano La fumata blanca de la chimenea de la Capilla Sixtina a las 18.07 acaba de anunciar a los fieles y al mundo que ha sido elegido un nuevo Obispo de Roma, sucesor de Pedro. Pero, ¿qué ocurrió bajo las bóvedas pintadas al fresco por Miguel Ángel pocos minutos antes, y qué sucederá hasta el anuncio del nombre del nuevo Papa, pronunciado después del “Habemus Papam” desde la Logia de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro por el cardenal protodiácono, el francés Dominique Mamberti? El rito de la aceptación Según lo establecido y regulado por el Ordo Rituum Conclavis y la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, un cardenal presente en la Capilla Sixtina ha alcanzado la mayoría requerida, y la elección se ha realizado canónicamente. El primero de los cardenales por orden y antigüedad —o, si él es el elegido, el segundo—, en nombre de todo el Colegio de Electores, ha preguntado en latín al elegido: «¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?» Y, apenas recibido el consentimiento, le ha formulado la pregunta: «¿Con qué nombre deseas ser llamado?». Entonces, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, actuando como notario y en presencia de dos ceremonieros como testigos, ha redactado un documento que certifica la aceptación del nuevo Pontífice y el nombre que ha elegido. Conclusión del Cónclave El Cónclave, según especifica la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, concluye una vez que el nuevo Papa da su consentimiento a la elección, “a menos que Él disponga otra cosa”. A partir de ese momento, pueden ingresar a la Capilla Sixtina el sustituto de la Secretaría de Estado, el secretario para las Relaciones con los Estados y cualquier otra persona que deba tratar con el Pontífice electo los asuntos necesarios en ese momento. La fumata blanca y la “Sala de las Lágrimas” Una vez concluido el rito de aceptación, se queman todas las papeletas y demás documentos utilizados durante la elección, y la fumata blanca confirma ante el mundo que un nuevo Pontífice ha sido elegido. Mientras los fieles en la Plaza de San Pedro aplauden y todo el mundo espera con expectación conocer su nombre, el Papa electo sale de la Capilla Sixtina y entra en la sacristía, conocida como la “Sala de las Lágrimas”. Allí, con la ayuda del Maestro de las Celebraciones Litúrgicas, se reviste con una de las tres sotanas papales ya preparadas. La primera ceremonia: el homenaje y el “Te Deum” Al regresar a la Capilla Sixtina, el nuevo Pontífice se sienta en la cátedra y se celebra una breve ceremonia, que inicia con un saludo del cardenal decano del Orden de los Obispos. Luego, el primero de los cardenales presbíteros proclama un pasaje del Evangelio, que puede ser: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” o “Apacienta mis ovejas”. A continuación, el cardenal protodiácono eleva una oración por el recién elegido Sucesor de Pedro. Después, todos los cardenales electores presentes, según el orden de precedencia, pasan ante el nuevo Papa para manifestarle su homenaje y obediencia. Finalmente, todos entonan juntos el himno del Te Deum, iniciado por el nuevo Pontífice. La oración del nuevo Papa en la Capilla Paulina Mientras tanto, el cardenal protodiácono, Dominique Mamberti, se dirige a la Logia de las Bendiciones para anunciar al pueblo la elección y el nombre del nuevo Papa con la fórmula: “¡Os anuncio una gran alegría: habemus Papam!”. Mientras se realiza este anuncio, el Papa electo, camino a la Logia, se detiene brevemente en la Capilla Paulina, donde ora en silencio ante el Santísimo Sacramento. Luego continúa hacia la Logia, desde donde dirige su primer saludo al mundo e imparte la bendición apostólica Urbi et Orbi.

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Jubileo de los Enfermos, los peregrinos: El Papa Francisco está con nosotros

https://youtu.be/mk6vymqLVh0 Desde primeras horas del día, largas procesiones desde la Piazza Pia hasta la Puerta Santa de la Basílica Vaticana. Los protagonistas son los 20 mil peregrinos del Jubileo de los enfermos y del mundo de la salud. Mucha gente en sillas de ruedas, voluntarios y personal sanitario. En los corazones de los fieles, oraciones por la paz en el mundo y la curación completa de Francisco. Daniele Piccini – Ciudad del Vaticano Muchos están en sillas de ruedas. Otros son sostenidos del brazo por sus compañeros: familiares, religiosas, agentes sanitarios, voluntarios de Unitalsi. Su Jubileo, el de los enfermos y del mundo sanitario, comenzó este sábado 5 de abril desde la Plaza Pia, poco después de las ocho y media. En unos cientos de metros cruzarán la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Para algunos de ellos, después de tantos días pasados ​​en sus residencias de ancianos, por fin llega un agradable día al aire libre. Para todos es un día de esperanza. Un día fuera del ancianato “Estamos aquí para vivir una experiencia compartida, un camino de fe que enriquezca a todos, a nosotros los voluntarios de Unitalsi y a los enfermos que acompañamos”, explica Don Walter Gatti , Asistente de Unitalsi en Vittorio Veneto. Somos un grupo de 170 personas —continúa el sacerdote—, no todas están enfermas. Por ejemplo, también acompaño a mi madre, que tiene 95 años. Para nuestros enfermos es una gran emoción y una gran experiencia estar aquí, porque a menudo están confinados en sus casas o en centros de acogida, donde reciben un buen trato, pero no siempre tienen la oportunidad de vivir experiencias así al aire libre. . Oraciones de esperanza y paz Para algunos, confinados en sillas de ruedas, participar en el Jubileo de los Enfermos es incluso la realización de un sueño. «Tenía muchísimas ganas de vivir este Jubileo y pasar bajo la Puerta Santa. Parecía imposible porque no puedo caminar», admite la Sra. Angela, huésped de la Residencia de Ancianos «Ancelle della SS. Trinità» en la Via Trofarello de Roma, tan solo unos minutos después de cruzarla en su silla de ruedas. “Teníamos un coche disponible para cargar mi silla de ruedas”, continúa Angela, miembro del Movimiento de los Focolares, “y así recibí un enorme gesto de cariño de mis compañeros que me ayudaron. Estoy feliz de haber venido y haber experimentado en primera persona cómo, a pesar de todos los desafíos y las guerras, la esperanza en el futuro siempre puede nacer en el corazón”. Controles antes de entrar en la Plaza de San Pedro Un pensamiento para Francesco convaleciente Junto a la esperanza, los más de veinte mil peregrinos llegados a Roma desde más de 90 países del mundo para el Jubileo de los Enfermos, llevan en el corazón un pensamiento para el mismo Papa Francisco, hasta el 23 de marzo internado en el Policlínico Gemelli, recientemente dado de alta y todavía convaleciente en Santa Marta. “Llegamos a Roma durante el Año Jubilar como etapa de un largo camino de fe”, dice Daniel, de Verona, originario de Sri Lanka, que acompaña a dos personas con discapacidad, “¡y queremos desearle mucha salud y mucha suerte al Papa Francisco!”. Mañana, con la Misa en la Plaza de San Pedro presidida por Mons. Rino Fisichella, Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, concluirá el programa del séptimo evento jubilar. 

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El Papa: la enfermedad es una escuela de amor, Dios no nos deja solos

https://youtu.be/XrlK36kIJN8 El saludo de Francisco al final de la misa por el Jubileo de los enfermos y el mundo de la sanidad: «¡Muchas gracias!» El arzobispo Fisichella, delegado del Papa, presidió la misa por el Jubileo de los enfermos y del mundo de la sanidad y leyó la homilía del Pontífice: «No releguemos a los que son frágiles, alejándolos de nuestra vida». Alessandro Di Bussolo – Ciudad del Vaticano. La sorpresa al final de la misa jubilar por los enfermos y el mundo sanitario es la llegada del Papa Francisco a la plaza de San Pedro. En silla de ruedas, acompañado por su enfermero personal, que lo lleva hasta el altar, donde, tras la bendición final del celebrante, el arzobispo Fisichella, pronuncia un breve saludo: «¡Feliz domingo a todos, muchas gracias!».  En medio de la emoción de todos los presentes en la Plaza, los lectores transmitieron a continuación su mensaje de acción de gracias. Francisco saluda «con afecto a todos los que han participado en esta celebración y agradece de corazón las oraciones elevadas a Dios por su salud, deseando que la peregrinación jubilar sea rica en frutos». A continuación imparte la Bendición Apostólica, que extiende «a los seres queridos, a los enfermos y a los que sufren, así como a todos los fieles reunidos hoy aquí». Antes de dirigirse hacia el altar en la explanada de la plaza de San Pedro, informa la Oficina de Prensa vaticana, el Pontífice recibió el Sacramento de la Reconciliación en la Basílica de San Pedro, se recogió en oración y atravesó la Puerta Santa. Comparto con ustedes la experiencia de depender de los demás El Papa convaleciente en la Casa Santa Marta comparte mucho con los veinte mil peregrinos, muchos de ellos enfermos, reunidos en la Plaza de San Pedro para la Misa jubilar por los enfermos y el mundo de la sanidad. Y lo confiesa en su homilía, leída para él por su delegado, el arzobispo Rino Fisichella, pro-prefecto de la Sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo del Dicasterio para la Evangelización. Fisichella, antes de la lectura, subraya cómo a pocos metros de nosotros, el Papa Francisco «está particularmente cerca de nosotros, y participa, como tantos enfermos, en esta Eucaristía a través de la televisión». El Pontífice, en el texto, comparte «la experiencia de la enfermedad, de sentirnos débiles, de depender de los demás para muchas cosas, de tener necesidad de apoyo». No es siempre fácil, pero es una escuela en la que aprendemos cada día a amar y a dejarnos amar, sin pretender y sin rechazar, sin lamentar y sin desesperar, agradecidos a Dios y a los hermanos por el bien que recibimos, abandonados y confiados en lo que todavía está por venir. En el lecho de la enfermedad, fortalecer la fe Con los ojos brillosos y el corazón inflamado de emoción, muchas personas que llegaron al hemiciclo del Bernini en silla de ruedas o a paso lento, y los voluntarios, enfermeros y médicos que los acompañaban, escucharon sus palabras, recalcadas por monseñor Fisichella, cuando subrayó que “la habitación del hospital y el lecho de la enfermedad pueden ser lugares donde se escucha la voz del Señor que nos dice también a nosotros: ‘Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?’.Y de esa manera renovar y reforzar la fe”. La posibilidad de comenzar una nueva existencia Así, explica el Papa Francisco, el pueblo de Israel aprende a encontrarse con el Señor de otra manera: “en la conversión del corazón, en la práctica del derecho y la justicia, en el cuidado del pobre y necesitado, en las obras de misericordia”. El mismo mensaje se desprende del pasaje del Evangelio de Juan que describe el encuentro de Jesús con la adúltera, amenazada de lapidación. También ella ve su vida destruida: “no por un exilio geográfico, sino por una condena moral”. Tampoco para ella parece haber esperanza. Pero Dios no la abandona. Al contrario, justo en el momento en que sus verdugos recogen las piedras, precisamente allí, Jesús entra en su vida, la defiende y la rescata de esa violencia, dándole la posibilidad de comenzar una existencia nueva. En las pruebas más duras, el amor de Dios nos hace más fuertes Son narraciones “dramáticas y conmovedoras”, reitera el Papa, con las que la liturgia nos invita hoy a renovar, en el camino cuaresmal, la confianza en Dios, que está siempre presente, cerca de nosotros, para salvarnos. No hay exilio, ni violencia, ni pecado, ni alguna realidad de la vida que pueda impedirle estar ante nuestra puerta y llamar, dispuesto a entrar apenas se lo permitamos. Es más, especialmente cuando las pruebas se hacen más duras, su gracia y su amor nos abrazan con más fuerza para realzarnos. En la prueba de la enfermedad Dios no nos deja solos Y ciertamente, comenta Francisco, “ciertamente la enfermedad es una de las pruebas más difíciles y duras de la vida, en la que percibimos nuestra fragilidad. Esta puede llegar a hacernos sentir como el pueblo en el exilio, o como la mujer del Evangelio, privados de esperanza en el futuro. Pero no es así”. Incluso en estos momentos, Dios no nos deja solos y, si nos abandonamos en Él, precisamente allí donde nuestras fuerzas decaen, podemos experimentar el consuelo de su presencia. El lecho de un enfermo, lugar sagrado   El Señor mismo, hecho hombre, «quiso compartir en todo nuestra debilidad», y por eso a Él “le podemos presentar y confiar nuestro dolor, seguros de encontrar compasión, cercanía y ternura”. Y además, subraya el Pontífice en su texto, “en su amor confiado, Él quiere comprometernos para que también nosotros podamos ser ‘ángeles’ los unos para los otros, mensajeros de su presencia”. De modo que, a menudo, “sea para quien sufre, sea para quien asiste, el lecho de un enfermo se puede transformar en un “lugar sagrado” de salvación y redención”. Entibiar el corazón con la compasión Dirigiéndose a médicos, enfermeros y miembros del personal sanitario, el Papa les

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Venezuela Celebra: El Papa Francisco Declara Santos a Sus Primeros Hijos

El beato venezolano José Gregorio Hernández será proclamado santo. Lo ha estipulado el Santo Padre Francisco en el comunicado publicado este martes 25 de febrero de 2025, tras la audiencia concedida en el Hospital Policlínico Gemelli, donde se encuentra internado, al Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, y a Monseñor Edgar Peña Parra, Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado. El legado de José Gregorio Hernández sigue calando fuerte en el pueblo venezolano, quien desde hace años aguardaba con fe esta noticia. Además, el interés y la devoción por su figura crecieron exponencialmente en los últimos años tanto en su país natal como en el resto de Latinoamérica y el Caribe. Al ingresar en la Tercera Orden Seglar de San Francisco, José Gregorio se comprometió a ayudar a los más necesitados, siendo llamado «el médico de los pobres», un apelativo que se ha consolidado internacionalmente.  Después, entró en la Cartuja de Farneta (Lucca), pero por motivos de salud, tuvo que abandonarla a los nueve meses, regresando a Caracas. Posteriormente, comenzó a prepararse para el sacerdocio pero, mientras estaba en el Colegio Pío Latino Americano de Roma, le sobrevino una pleuresía y un principio de tuberculosis. De vuelta a sus tierras, se dedicó definitivamente a la medicina. Y fue al salir de una farmacia en Caracas, en junio de 1919, donde había comprado unas medicinas para un paciente anciano, cuando fue atropellado por un coche, muriendo posteriormente en el hospital. Fue proclamado beato en 2021 y sus restos mortales se veneran en la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria de Caracas. Se exaltará a María del Carmen, fundadora de las Siervas de Jesús: la monja será la primera santa de Venezuela.  La primera santa de Venezuela Natural de Caracas (Venezuela), Carmen Elena Rendíles Martínez es María del Monte Carmelo. Nació el 11 de agosto de 1903 y desde muy pequeña ayudó a su madre a sacar adelante a la familia, tras la muerte de su padre, y se dedicó al apostolado en la parroquia. Sintió la vocación religiosa y se acercó a varios institutos hasta elegir, en 1827, la Congregación de las Siervas de Jesús del Santísimo Sacramento. El 8 de septiembre de 1932 emite los votos perpetuos y es nombrada maestra de novicias. En 1946 fue nombrada Superiora Provincial de la Congregación, que más tarde se convirtió en un instituto secular, pero muchas hermanas latinoamericanas decidieron crear una nueva familia religiosa: la Congregación de las Siervas de Jesús. Tras un accidente de coche en 1974, Carmen pasó los últimos años de su vida en silla de ruedas, falleciendo el 9 de mayo de 1977. Beatificada el 16 de junio de 2018, para su canonización, la curación milagrosa, atribuida a su intercesión, de una joven diagnosticada en 2015 de hidrocefalia triventricular idiopática, que requirió la colocación de una válvula de derivación, fue sometida a examen por el Dicasterio para las Causas de los Santos. Fue sometida a varias operaciones y, tras varias hospitalizaciones, su estado de salud se deterioró. Pero un día una tía, que participaba en una celebración eucarística ante la tumba de la Madre Carmen, rezó por su recuperación. Otros fieles pidieron entonces a la monja que intercediera, y la propia joven enferma participó en una misa en su sepultura, en la capilla del Colegio Belén de Caracas. Tras tocar una imagen de la monja, la enferma mejoró rápidamente, hasta el punto de que el 18 de septiembre comenzó a caminar y a comunicarse, expresando el deseo de ir a dar las gracias a la Madre Carmen. La recuperación de la joven fue completa, estable y duradera, y el suceso se juzgó inexplicable desde el punto de vista científico. 

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RUMBO A LA JORNADA MUNDIAL POR LAS MISIONES 2024

Cada año, la Iglesia católica dedica el mes de octubre para orar por las misiones y promover iniciativas que ayuden a atender las grandes necesidades con las que se encuentran los misioneros en su labor de evangelización y promoción humana en los diferentes territorios de misión. La celebración del octubre misionero es una oportunidad para que la Iglesia insista en la importancia del compromiso misionero de todos los bautizados, así como en las diversas iniciativas de evangelización asociadas a este tiempo de especial animación y cooperación misioneras. La Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND), instituida por el papa Pío XI en 1926 y confiada a la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, constituye la culminación del mes misionero. Celebrada  cada penúltimo domingo de octubre, es un día especial de oración y recaudación de fondos para ayudar a las diversas iniciativas evangelizadoras de los misioneros en todo el mundo. Para esta jornada del Domund, que celebraremos el domingo 20 de octubre de 2024, el Santo Padre nos ha regalado su mensaje inspirado en la parábola evangélica del banquete nupcial (cf.Mt 22,1-14).Nos recuerda el Santo Padre: “Después de que los invitados rechazaron la invitación, el rey, protagonista del relato, dice a sus siervos: «Vayan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren» (Mt 22,9)”. En nuestra Diócesis se celebrará el Domund en la Parroquia Epifanía del Señor, dónde se tendrá la recepción de todos los participantes de las distintas parroquias a las 8:00 am, para luego iniciar con la animación, catequesis, evangelización y clausura con la Eucaristía a las 2:00 pm en la cancha de la Genovés. Los peregrinos son agrupados según sus edades, de 8-15 años, de 16 a 29 años y los que son mayores de 29 años. De igual manera se distribuyen las parroquias de acuerdo a un color que representara un continente, el color verde representa África, El rojo América, el blanco Europa, el azul Oceanía y el amarillo Asía.  Como parroquia nos sentimos alegres y entusiasmados para vivir una vez más la Jornada Mundial de las Misiones, de encontrarnos como iglesia para llevar esperanza y amor a quien lo necesite. Mensaje del Papa Francisco 2024 En el marco de la celebración de la Epifanía del Señor el Vaticano publicó el Mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2024, que se celebrará el domingo 20 de octubre con el lema “Vayan e inviten a todos al banquete” (cf. Mt 22,9). En el mensaje para la próxima Jornada Misionera Mundial, Francisco subraya que el «drama de la Iglesia» es que Jesús «sigue llamando a la puerta, pero desde el interior, ¡para que lo dejemos salir!»: el anuncio del Evangelio es urgente y universal, pero debe hacerse con «amabilidad», sin forzar ni hacer proselitismo. «En un mundo desgarrado por divisiones y conflictos, el Evangelio de Cristo es la voz dulce y fuerte que llama a los hombres a encontrarse, a reconocerse como hermanos y a alegrarse por la armonía entre las diversidades». Así se expresa Francisco en su mensaje para la 98ª Jornada Mundial de las Misiones, que se celebrará el 20 de octubre de 2024, inspirándose en el versículo del Evangelio de Mateo: «Vayan e inviten a todos al banquete». «Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad», explica el Obispo de Roma. «La misión es, por tanto, una ‘incansable salida hacia toda la humanidad’, sin excluir a nadie, ‘para invitarla al encuentro y a la comunión con Dios’» Haz clic aquí y descarga Haz clic aquí y descarga «Vayan e inviten a todos al banquete» (Mt 22,9)

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