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El hospital de campaña de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía

El hospital de campaña de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía Tras el terremoto en Venezuela, el Hospital San José en La Guaira, perteneciente a las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía, sufrió graves daños estructurales. Ante esta emergencia, la congregación respondió con la instalación de un hospital de campaña para atender a los heridos.  Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano «El Hospital San José sufrió daños estructurales con el terremoto y no está habitable. Por eso, hemos instalado un hospital de campaña justo al frente», comparte la hermana María Yraida Mora Sánchez, vicaria general de la congregación Hermanitas de los Pobres de Maiquetía, quienes desarrollan un apostolado de la salud en La Guaira y Caracas, Venezuela. La preocupación de la religiosa, al igual que la de toda la población, es poder seguir encontrando milagrosamente a sobrevivientes, tal como ha sucedido en las últimas horas en medio de los escombros que cubren La Guaira, donde las autoridades ya reportan más de 3.500 fallecidos. «Siempre hablas con alguien y te dice que perdió un amigo, un familiar o un hijo; o bien perdieron sus casas o sus puestos de trabajo, porque las zonas laborales también quedaron destruidas», relata la religiosa al describir el día a día de la población tras el sismo. Atención en los refugios y crisis humanitaria Además de la asistencia que ofrecen en el hospital, la hermana María Yraida Mora explica: «Estamos yendo también de forma puntual a tres refugios, y la situación es muy, muy difícil. Es complicado porque Venezuela ya venía arrastrando una crisis económica y humanitaria, como gran parte del mundo sabe». «El pasado domingo celebramos la Eucaristía aquí en la Plaza Padre Machado. Fue presidida por monseñor Pablo Modesto, obispo de La Guaira. La manifestación de fe y de confianza en Dios sigue viva en el pueblo, aun en medio del sufrimiento», recuerda la religiosa. Un hospital bajo toldos y carpas La hermana María Mora detalla cómo el centro médico tuvo que transformarse debido a los daños del terremoto: «Nosotros aquí en La Guaira tenemos el Hospital San José, que es un centro de salud tipo 2, bastante completo. También gestionamos el Colegio Madre Emilia en Maiquetía, otros centros de salud en Caracas y un hogar para adultos mayores. Sin embargo, el Hospital San José sufrió daños estructurales severos y no se puede habitar. Por lo tanto, levantamos un hospital de campaña en la plaza que está en frente. Estamos recibiendo el apoyo de la Cruz Roja Italiana, de Avessoc (Asociación Venezolana de Servicios de Salud de Orientación Cristiana) y de los propios médicos de la congregación que pertenecen a la Clínica Padre Machado y al Hospital San José». La religiosa añade que están trabajando «con carpas y toldos, tratando de acondicionar el espacio. Allí es donde brindamos atención, ya que también gran parte de nuestro personal y colaboradores resultaron damnificados. Asimismo, visitamos diariamente campamentos de carpas donde se encuentran las familias afectadas para llevarles agua, alimentos, medicinas y donaciones básicas. En medio de esta tragedia, no podemos olvidar a los pacientes crónicos: hipertensos, diabéticos o con epilepsia. Hay que cuidar de ellos y suministrarles sus tratamientos precisos para que sus enfermedades no empeoren». Riesgo de emergencia sanitaria Ante los temores de un brote epidemiológico, la religiosa señala: «Lamentablemente, la situación sanitaria de nuestro país ya era crítica antes del terremoto. Ahora mismo hay una enorme necesidad de antialérgicos, antihipertensivos y pomadas antimicóticas, ya que el estado Vargas es una región sumamente calurosa y actualmente no hay servicio de agua. Es un sinfín de carencias. También vemos que hace falta mucha hidratación para las personas que todavía están entre los escombros ayudando a buscar sobrevivientes o intentando recuperar algunas pertenencias, que era lo único que les quedaba». Respecto a la labor del personal médico, explica que «los doctores están agrupando a sus pacientes para hacerles llegar los medicamentos, ya que en el estado Vargas la mayoría de las farmacias quedaron destruidos o permanecen cerrados». «Los heridos más graves han sido trasladados a los hospitales de Caracas. Aquí nos estamos encargando de la atención primaria de salud: curar heridas y tratar los cuadros de diarreas y virus que ya están empezando a brotar», señala Mora. Un patrimonio con 138 años de historia La vicaria general compartió el profundo dolor de la comunidad por el deterioro del Hospital San José: «Es la casa cuna de nuestra congregación. Aquí se encuentra la capilla donde descansan los restos del padre Machado y de la madre Emilia, nuestros fundadores. Este hospital es un emblema no solo para nosotras, sino para todo el estado Vargas (La Guaira). Tiene 138 años de historia». A pesar de los daños materiales, la hermana María Yraida Mora concluye con una reflexión: «El hospital no es solamente la estructura de las paredes. El hospital es cada uno de nosotros: es cada enfermera, cada médico y cada religiosa que intenta, día a día, dar lo mejor de sí».

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No dejen de orar por Venezuela

Párroco de La Guaira: No dejen de orar por Venezuela Tras el devastador terremoto que golpeó al país el pasado 24 de junio, el padre Antonio Rella, párroco de la parroquia Inmaculado Corazón de María, describe un panorama marcado por el dolor, la incertidumbre y la solidaridad. Mientras su comunidad se convierte en centro de ayuda para las zonas más afectadas, el sacerdote insiste en que la reconstrucción material y espiritual requerirá tiempo, perseverancia y oración.  Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano Entre edificios derrumbados, familias que aún esperan noticias de sus seres queridos y comunidades enteras tratando de levantarse, la Iglesia en La Guaira continúa acompañando a la población golpeada por el terrible doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado miércoles 24 de junio. El padre Antonio Rella, párroco de la parroquia Inmaculado Corazón de María, asegura que describir con exactitud la magnitud de la tragedia resulta todavía difícil debido a las limitaciones de movilidad y a la dimensión de los daños. “El destrozo fue monumental”, afirma. “Hay lugares que se asemejan a escenarios de guerra y otros que evocan imágenes apocalípticas, con edificios completos reducidos a escombros”. Entre la esperanza y el duelo A quince días del sismo, muchas familias continúan aferradas a la esperanza de encontrar con vida a sus familiares desaparecidos. Otras han debido afrontar el dolor de recuperar únicamente los restos de sus seres queridos. “Todavía existe una esperanza muy grande en muchísimas familias”, expresa el sacerdote, recordando el reciente rescate con vida de dos hermanas entre los escombros. La incertidumbre, explica, no es solamente emocional. También se extiende a aspectos tan básicos como el acceso al agua, a los alimentos y a la estabilidad económica. Aunque algunos comercios han reabierto, la actividad sigue siendo limitada y muchísimas personas han perdido sus fuentes de ingreso. “Estamos en una situación compleja”, resume. Una parroquia convertida en centro de ayuda La parroquia Inmaculado Corazón de María sufrió daños menores en comparación con otras comunidades de la diócesis. Aunque algunas imágenes religiosas cayeron y el altar resultó afectado, la estructura del templo permaneció en pie. La situación es muy distinta en otras parroquias vecinas. La catedral sufrió graves daños y varias iglesias deberán ser demolidas debido a los efectos del terremoto. Precisamente porque el templo parroquial resistió el impacto del sismo, se ha transformado en un lugar estratégico para la atención de la emergencia. “La parroquia se convirtió en un lugar de encuentro para los sacerdotes y también en un centro de distribución de ayuda para las comunidades vecinas”, explica el padre Rella. La solidaridad que llegó desde dentro y fuera del país El sacerdote destaca la extraordinaria respuesta solidaria recibida desde toda Venezuela y desde numerosos países del mundo. “No recuerdo haber conocido una tragedia de este tamaño”, afirma agradeciendo las múltiples iniciativas de ayuda humanitaria. Reconoce, sin embargo, que durante los primeros días la asistencia estuvo marcada por cierta desorganización debido a la magnitud de la emergencia y a la llegada simultánea de numerosas organizaciones e instituciones. En ese contexto, subraya el papel desempeñado por Cáritas Venezuela, cuya estructura parroquial y diocesana permitió una rápida movilización de recursos y voluntarios. “La primera organización que mostró activarse de manera inmediata fue Cáritas”, enfatiza. El desafío más difícil: acompañar el sufrimiento Más allá de la distribución de alimentos o medicinas, el acompañamiento espiritual constituye uno de los mayores desafíos para los sacerdotes de la diócesis. “No es fácil no ponerse en la situación de la otra persona. Es prácticamente imposible no ser empático”, confiesa. Entre los muchos testimonios que lo han marcado, recuerda el caso de una abuela que buscaba desesperadamente a su nieta desaparecida bajo los escombros. También evoca las exequias celebradas recientemente para varias víctimas del terremoto, entre ellas un niño de apenas un año de edad. “Encontrar las palabras justas para iluminar esta realidad desde la fe no resulta una tarea fácil”, admite. Reconstruir los templos y reconstruir la esperanza El sacerdote compara la situación actual con el devastador deslave que afectó a Vargas en 1999, una experiencia que, asegura, dejó importantes lecciones sobre la capacidad de resiliencia del pueblo venezolano. “Este no es mi primer rodeo”, comenta. Entre las prioridades de la Iglesia local figura la reconstrucción de los templos, concebidos no solo como edificios sino como espacios de encuentro, consuelo y oración para las comunidades. “Yo siempre les digo a mis feligreses que esta es su casa”, puntualiza el párroco. “Aquí pueden venir cuando quieran alabar a Dios, darle gracias o incluso pelear con Él”. Junto a la recuperación de los lugares de culto, considera imprescindible fortalecer el acompañamiento espiritual y psicológico tanto de los fieles como de los agentes pastorales que también han sufrido las consecuencias de la tragedia, llevado adelante tanto por ministros ordenados como por laicos que sirven en la comunidad. Agua y alimentos, las necesidades más urgentes En el plano material, las principales necesidades siguen siendo los alimentos y el acceso al agua potable. Muchos habitantes dependían económicamente de actividades vinculadas al aeropuerto internacional de Maiquetía, al puerto de La Guaira o a pequeños comercios que hoy permanecen cerrados o destruidos. “Hay personas que no perdieron su casa, pero sí perdieron sus ingresos y ya no tienen cómo sostenerse”, precisa el sacerdote. Aunque las donaciones de medicamentos han sido abundantes y la parroquia incluso ha organizado un banco de medicinas para la comunidad, el abastecimiento alimentario seguirá siendo prioritario durante las próximas semanas. Al concluir, el padre Antonio dirige un mensaje de gratitud a todas las personas e instituciones que han colaborado con las víctimas del terremoto y pide que la solidaridad no disminuya cuando desaparezca la atención mediática sobre la emergencia. “Cuando comienzan a descender las ayudas, también vamos a seguir necesitando ese empujoncito para poder levantarnos y comenzar la reconstrucción”, advierte. Asimismo, envía una palabra de esperanza a los venezolanos que viven en el exterior y que siguen con angustia las noticias de su país. Finalmente, lanza una petición sencilla pero poderosísima a todos

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La comunidad de Paraguachí se desborda en fe

La comunidad de Paraguachí se desborda en fe y devoción durante la Solemnidad del Corpus Christi En un ambiente de profunda adoración y júbilo eclesial, la comunidad parroquial de Nuestro Señor San José de Paraguachí celebró este jueves la Solemnidad del Corpus Christi. Los fieles margariteños se unieron en un solo corazón para honrar la presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento, transformando la jornada en una manifestación viva de fe pública y amor comunitario.  La celebración comenzó con la Solemne Eucaristía en el templo parroquial, un espacio propicio para la acción de gracias por el milagro de la Eucaristía. Inspirados en las palabras del Evangelio según San Juan («Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día»), los asistentes renovaron su compromiso de ser custodios del amor de Cristo en el mundo, pidiendo bendiciones especialmente para el fortalecimiento de los hogares locales. Un sagrario abierto en las calles margariteñas Al finalizar la Santa Misa, la solemnidad se trasladó fuera del templo. Las calles adyacentes se convirtieron en un «sagrario abierto» para recibir la tradicional Procesión con Jesús Sacramentado. El Rey de Reyes caminó al encuentro de su pueblo, recorriendo vías adornadas que reflejaron la identidad y el esmero de la feligresía.A lo largo del recorrido procesional, destacaron los altares y alfombras de fe preparados minuciosamente por:Pastorales parroquiales.Movimientos apostólicos.Distintos sectores y familias de la comunidad.Cada una de estas estaciones funcionó como un oasis de alabanza, reparación y bendición, convirtiéndose en tronos efímeros donde el pueblo postró su corazón al paso del Altísimoo. Agradecimiento a una comunidad viva La jornada concluyó con un profundo agradecimiento por parte de las autoridades parroquiales a todos los sectores que hicieron posible esta fiesta de la Iglesia. Se destacó que la solemnidad del Corpus Christi logró desbordar los muros del templo gracias a las manos laboriosas de la comunidad, que con amor, esmero y oración transformaron el entorno urbano en un lienzo de fe para la gloria de Dios en la tierra margariteña.

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FIELES DESBORDARON DE FE EN EL PENTECOSTÉS DIOCESANO 2026

FIELES DESBORDARON DE FE EN EL PENTECOSTÉS DIOCESANO 2026 EN ALTAGRACIA La feligresía de la Parroquia Nuestro Señor San José de Paraguachí se unió con fervor a la marea de creyentes que renovaron su compromiso espiritual en el encuentro eclesial de la Diócesis de Margarita. En un ambiente de profunda alegría desbordante, hermandad y civismo, cerca de seis mil personas se congregaron el pasado fin de semana en la Parroquia Nuestra Señora de Altagracia para celebrar el Pentecostés Diocesano 2026, la gran fiesta católica que conmemora la venida del Espíritu Santo.La jornada, considerada un rotundo éxito de comunión eclesial para el estado Nueva Esparta, contó con una masiva y entusiasta representación de la Parroquia Nuestro Señor San José de Paraguachí, cuyos fieles se movilizaron con alegría para sumarse a esta gran manifestación de fe mariana e insular.La celebración inició con una colorida y fervorosa caminata que partió desde la entrada de Bahía de Plata hasta el recinto del encuentro. Durante el recorrido, los devotos de Paraguachí, portando estandartes y entonando cantos de alabanza, unieron sus voces a las de miles de neoespartanos en una verdadera marea humana que llenó las calles de optimismo y espiritualidad.Una Eucaristía de Unidad DiocesanaEl punto cumbre del encuentro fue la Solemne Eucaristía, donde se elevó una oración unánime por la renovación de los dones del Espíritu Santo en cada rincón de la isla de Margarita. Las autoridades eclesiásticas locales destacaron la importancia de mantener vivas las tradiciones e instaron a la comunidad a ser «misioneros de la esperanza».Presente en el multitudinario evento Paraguachí presente con fuerza espiritualPara los feligreses de la Parroquia Nuestro Señor San José de Paraguachí, esta cita diocesana representó una oportunidad de oro para estrechar lazos con las comunidades hermanas de la isla. «Venir desde Paraguachí a Altagracia nos llena el alma; ver a miles de personas unidas bajo una misma fe nos demuestra que la Iglesia en Margarita está más viva y unida que nunca», manifestó uno de los coordinadores parroquiales asistentes.Con la culminación de este Pentecostés Diocesano 2026, la comunidad católica insular no solo reafirmó sus arraigadas tradiciones religiosas, sino que envió un sólido y unificado mensaje de paz, esperanza y renovación espiritual para toda la región.

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El Papa: El Paráclito nos defiende de los prejuicios que apagan la luz del Evangelio

El Papa: El Paráclito nos defiende de los prejuicios que apagan la luz del Evangelio Este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, el Papa León XIV presidió la celebración Eucarística en la Basílica de San Pedro. En su homilía, el Pontífice reflexionó sobre tres aspectos del Paráclito: “El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz, es el Espíritu de la misión y es el Espíritu de la verdad”.  Renato Martinez – Ciudad del Vaticano “Con corazón ardiente, pidamos hoy que el Espíritu del Resucitado nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor. Recemos para que libere a la humanidad de la miseria, que es rescatada no por una riqueza incalculable, sino por un don inextinguible. Pidámosle que nos sane del flagelo del pecado, para la redención anunciada a todos los pueblos en el nombre de Jesús”, esta fue la invitación que dirigió el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa que presidió este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. “Aquel que estaba muerto vive para siempre” En su homilía, el Santo Padre recordó que, con la solemnidad de Pentecostés, el tiempo de Pascua llega a su culminación. Y para evidenciar la unidad de este acontecimiento de salvación, el Evangelio nos lleva nuevamente al “primer día de la semana”, es decir, a aquel nuevo día en el que Jesús resucitado aparece a sus discípulos mostrándoles «sus manos y su costado». “El Señor revela su cuerpo glorioso, precisamente sus llagas, las heridas de la crucifixión. Estos signos de la pasión, más elocuentes que cualquier discurso, han sido transfigurados: Aquel que estaba muerto vive para siempre”. Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del cuerpo de Cristo Al ver al Señor, los discípulos también vuelven a vivir, afirmó el Pontífice, y Cristo, a este gesto, de mostrar a sus discípulos «sus manos y su costado» une la palabra: «¡La paz esté con ustedes!»; e inmediatamente después sopla sobre los discípulos dándoles el Espíritu Santo. “El Resucitado está lleno de vida; luego de haber mostrado la vida del cuerpo, como verdadero hombre, da la vida de Dios, como Hijo amado del Padre, vuelto para nosotros hermano y Redentor. En el mismo cenáculo donde ha instituido la alianza nueva y eterna, Jesús infunde el Espíritu; el lugar de la cena y de la traición se transforma y, de sepulcro de los apóstoles, se convierte para toda la Iglesia en fuente de resurrección. Por eso Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del cuerpo de Cristo, que por gracia somos nosotros”. El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz Por ello, al celebrar este misterio, el Papa León propuso tres aspectos en su reflexión. En primer lugar, el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz. En su Pascua, indicó el Papa, Cristo reconcilia a Dios y a la humanidad, y el Espíritu Santo infunde la paz en los corazones y la difunde en el mundo. Esta paz viene del perdón y nos lleva al perdón; comienza con el perdón que da el mismo Jesús, traicionado por nosotros, condenado y crucificado. Esta autoridad viene dada bajo el signo de una reconciliación universal: el Señor infunde el Espíritu de la paz desde el comienzo hasta el final de la historia. “El Espíritu Santo, en efecto, es Señor y dador de vida desde el inicio de la creación, cuando aleteaba sobre las aguas (cf. Gn 1,2), y ahora, en su rescate, cambia la historia del mundo; realmente Pentecostés se realiza como fiesta del nuevo Pacto, es decir, de la alianza entre Dios y todos los pueblos de la tierra. Mientras el fragor del cielo, el viento y las lenguas de fuego en el cenáculo recuerdan los antiguos signos del Sinaí, la santa ley de Dios se inscribe en nuestros corazones, grabada por el Espíritu con caracteres de amor en la carne de Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia”. [ Esta ley es el código de la paz; es el doble mandamiento del amor, que el Espíritu nos recuerda en cada latido del corazón. Con nuestro corazón podemos, por tanto, invocar: “Veni Sancte Spiritus”, porque Él ya nos ha sido dado. Podemos desearlo, porque ya nos ha sido prometido. Podemos acogerlo, porque Él mismo es dulce huésped del alma ] El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión Un segundo aspecto sobre el que reflexionó el Santo Padre fue el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión. Somos así partícipes en la misión de Jesús; la de Aquel que sale de Dios y vuelve a Dios con el poder del Espíritu, que procede del Padre y del Hijo, con ellos es adorado y glorificado, único Dios. El Espíritu Santo es la caridad viviente de Cristo que nos desborda, nos impulsa, nos sostiene en la misión. El mismo Espíritu, mientras da a los apóstoles el poder de expresarse en la variedad de las lenguas (cf. Hch 2,4), enseña a la humanidad la palabra de la salvación y se resumen todas en la redención, que empieza con la fe. “De hecho, la primera obra del Espíritu Santo en nosotros es la fe con la que profesamos: «Jesús es el Señor» (1 Co 12,3). Esta fe vive y se expresa en cada buena acción, en cada acto de misericordia y de virtud. La obra de Dios, por tanto, somos nosotros, que llegamos hoy aquí de todas las partes del mundo, invitados a la mesa del Señor, reunidos en la escucha de su palabra y enviados a testimoniarla por doquier”.   La Iglesia es protagonista del Evangelio, no sólo guardiana Por ello, el Pontífice señaló que la toda la Iglesia es protagonista, no sólo guardiana del Evangelio. Con la fuerza del Espíritu, nuestro anuncio se ve colmado de alegría y de esperanza, porque nosotros, somos la novedad del mundo, la luz y la sal de la tierra.

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El Papa concede la Comunión Eclesiástica al Patriarca de Bagdad

El Papa concede la Comunión Eclesiástica al Patriarca de Bagdad de los Caldeos Tras la petición de Su Beatitud Polis III Nona, León XIV, en una carta, ha aceptado conceder la Comunión Eclesiástica, «como expresión y vínculo de la plena comunión con la Sede Apostólica, en el servicio común a la unidad en la Iglesia y a la edificación del Cuerpo de Cristo».  Vatican News «Con el corazón lleno de alegría le concedo la Comunión Eclesiástica», escribe el Papa León XIV en una carta de respuesta publicada hoy, 28 de abril, por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, dirigida al Patriarca de Bagdad de los Caldeos, Polis III Nona, elegido canónicamente el 12 de abril de 2026 en Roma por el Sínodo de Obispos de su Iglesia sui iuris. Su Beatitud había escrito previamente para solicitar, de conformidad con el Canon 76 § 2 del Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium, la concesión de la Comunión Eclesiástica, que —escribe el Papa— es «una expresión y vínculo de plena comunión con la Sede Apostólica, en el servicio común de la unidad en la Iglesia y la edificación del Cuerpo de Cristo». «Me complace elevar fervientes oraciones para que Su Beatitud, como Padre y Cabeza de esta amada Iglesia sui iuris, ejerza con solicitud pastoral», enfatizó el Papa León, «el ministerio que se le ha confiado, guiando al Pueblo de Dios según el Corazón de Cristo y confirmándolo en la fe, la esperanza y la caridad». El Pontífice invoca al Espíritu Santo para sostener la misión que el Patriarca está llamado a cumplir, «para que la Iglesia caldea, rica en su antigua tradición apostólica y marcada por el luminoso testimonio de numerosos mártires y confesores, continúe haciendo fructífera la proclamación del Evangelio», «fortaleciendo», añade el Pontífice, «la comunión eclesial en su propio territorio y en los de la creciente diáspora». El Papa León XIV extiende entonces sus saludos a los obispos miembros del Sínodo, al clero, a los religiosos y religiosas, a los seminaristas, a los candidatos a la vida consagrada y a todos los fieles laicos. Recuerda que la elección tuvo lugar «el día en que la liturgia caldea conmemora el encuentro de Cristo resucitado con Santo Tomás, del cual se origina la tradición viva de esta Iglesia». En las luminosas llagas de Jesús, Tomás reconoció «la manifestación misericordiosa de su Señor», de ahí la esperanza de que Dios acompañe el ministerio de Su Beatitud «en el signo de la fe, que exige tanto valor y perseverancia de muchos fieles de las comunidades caldeas que, como verdaderos creyentes, afrontan el orgullo de la Iglesia, a menudo pruebas bastante arduas».

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Un mensaje de paz en tiempos de guerra

El Papa en la catequesis: El viaje a África fue un mensaje de paz en tiempos de guerra En la Audiencia General del 29 de abril, León XIV relee su viaje apostólico al continente africano como un itinerario espiritual que une raíces, pueblos y futuro, en un tiempo marcado por conflictos y desafíos globales.  Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano El Papa León XIV dedicó su catequesis de la Audiencia General de este miércoles 29 de abril a reflexionar sobre el reciente viaje apostólico que lo llevó del 13 al 23 de este mes a cuatro naciones africanas: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. No se trató solo de una visita largamente deseada desde el inicio de su pontificado, sino de una auténtica peregrinación pastoral vivida -como él mismo subrayó- “como mensaje de paz” en un tiempo herido por guerras y por reiteradas violaciones del derecho internacional. Al regresar a Roma, el Pontífice elevó su acción de gracias al Señor por haberle concedido “realizar este viaje como Pastor”, encontrando comunidades vivas y testigos de esperanza. Su reconocimiento se extendió también a los obispos, a las autoridades civiles y a todos aquellos que hicieron posible cada etapa del itinerario. No es casual -observó- que la primera parada haya sido Argelia, tierra ligada a la figura de san Agustín. Allí, el Papa volvió a las raíces de su propia identidad espiritual -cabe recordar su presentación como “hijo de san Agustín” en la primera bendición Urbi et Orbi del 8 de mayo de 2025– y, al mismo tiempo, tendió tres puentes fundamentales: hacia la riqueza de los Padres de la Iglesia, hacia el mundo islámico y hacia el continente africano en su conjunto. En suelo argelino, León XIV experimentó una acogida “no solo respetuosa, sino cordial”, que se convirtió en signo elocuente de convivencia posible entre creyentes de distintas religiones. “Hemos podido mostrar al mundo -dijo- que es posible vivir como hermanos y hermanas cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso”. Una experiencia que se entrelazó con la herencia espiritual de san Agustín, maestro universal en la búsqueda de Dios y de la verdad. El viaje continuó en contextos de mayoría cristiana, donde el Papa se encontró inmerso en una verdadera “fiesta de la fe”. En Camerún, país marcado por tensiones y heridas abiertas, resonó con fuerza su llamamiento a la reconciliación y a la paz. La visita a Bamenda, en la región anglófona, fue un gesto concreto en esta dirección: una invitación a reconstruir la unidad desde el diálogo. Definido como “África en miniatura”, Camerún refleja -según el Pontífice- tanto la riqueza del continente como sus desafíos más urgentes: la necesidad de una distribución equitativa de las riquezas; de dar espacio a los jóvenes, superando la corrupción endémica; de promover el desarrollo integral y sostenible, oponiendo a las varias formas de neocolonialismo una cooperación internacional con visión de futuro». “Doy las gracias a la Iglesia en Camerún y a todo el pueblo camerunés, que me ha acogido con tanto amor; y rezo para que el espíritu de unidad que se ha manifestado durante mi visita se mantenga vivo y guíe las acciones futuras.” En Angola, el Papa contempló una Iglesia purificada en la prueba y comprometida con el Evangelio. La visita al santuario mariano de Mamã Muxima -“Madre del corazón”– se convirtió en un momento particularmente intenso: allí percibió “latir el corazón del pueblo angoleño”. Religiosos, catequistas, ancianos y jóvenes dieron testimonio de una fe viva que se expresa en la alegría, incluso en medio de las dificultades. «Esta esperanza -observó el Sucesor de Pedro- exige un compromiso concreto, y la Iglesia tiene la responsabilidad, con el testimonio y el anuncio valiente de la Palabra de Dios, de reconocer los derechos de todos y de promover su respeto efectivo». “He podido asegurar a las autoridades civiles angoleñas, y también a las de los otros países, la voluntad de la Iglesia Católica de seguir ofreciendo esta contribución, especialmente en los campos sanitario y educativo.” La última etapa, Guinea Ecuatorial, coincidió con el 170º aniversario de la primera evangelización del país. Allí, León XIV fue testigo de una fe vibrante y profundamente encarnada en la historia del pueblo. Entre los momentos más conmovedores, evocó su visita a la cárcel de Bata:     “Nunca había visto nada semejante. Y luego han rezado conmigo el Padre Nuestro, bajo una lluvia torrencial. ¡Un signo auténtico del Reino de Dios! Y, siempre bajo la lluvia, comenzó el gran encuentro con la juventud en el estadio de Bata. Una fiesta de alegría cristiana, con testimonios conmovedores de jóvenes que han encontrado en el Evangelio el camino para un crecimiento libre y responsable. Esta fiesta culminó con la celebración eucarística del día siguiente, que coronó dignamente la visita a Guinea Ecuatorial y todo el viaje apostólico. Al concluir su catequesis, León XIV destacó que la visita del Papa representa, para los pueblos africanos, una oportunidad para hacer oír su voz y manifestar la alegría de pertenecer al pueblo de Dios. Pero, al mismo tiempo, confesó haber recibido mucho más de lo que dio: “Una riqueza inestimable para mi corazón y mi ministerio”.  

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Primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco

Primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco La Basílica de Santa María la Mayor celebró el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco con el rezo del Rosario y una misa en la que se leyó un mensaje del Papa León XIV. Mientras fieles de todo el mundo visitan su tumba y recuerdan su legado.  Lorena Pacho – Ciudad del Vaticano Un año después de su fallecimiento, el legado del Papa Francisco permanece vivo en la memoria de los miles de fieles que llegan hasta la basílica de Santa María la Mayor, en el corazón de Roma, para visitar su tumba. Este martes, en el primer aniversario de la muerte del pontífice argentino, el templo romano dedicado a la Virgen María, con el que Papa Francisco mantuvo un vínculo muy especial a lo largo de su pontificado, volvió a convertirse en un lugar de oración y memoria para recordarlo. Una placa en señal de la devoción de Francisco por el templo Allí se celebraron el rezo del rosario y una misa en su sufragio, presidida por el decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Giovanni Battista Re, que leyó un mensaje del papa León XIV en recuerdo de su predecesor. También se inauguró una placa conmemorativa que recuerda las 126 visitas que Francisco realizó al templo para rezar, sobre todo antes y después de cada viaje apostólico. Una inscripción en bronce escrita en latín deja constancia de su devoción por esta basílica: “Francisco, Sumo Pontífice, que se detuvo 126 veces en devota oración a los pies de la Salus Populi Romani, por su propia voluntad descansa en esta Basílica Papal, el 26 de abril de 2026, primer aniversario de su muerte”. Un recuerdo del Papa León XIV Durante la celebración, el cardenal Re leyó un mensaje enviado por el Papa León XIV, quien se encuentra en Guinea Ecuatorial, a punto de concluir su gira por el continente africano. En la misiva, el Pontífice destacó el papel histórico de su predecesor en la Iglesia contemporánea: “Fue sucesor de Pedro y pastor de la Iglesia universal en un tiempo que marcó y aún está marcando un cambio de época, ese cambio del cual él fue plenamente consciente, ofreciéndonos a todos un testimonio valiente, que representa un significativo patrimonio para la Iglesia”. El Papa puso en valor el magisterio de Francisco, al que describió como un “discípulo-misionero”, y recordó algunas de las expresiones que marcaron su pontificado, como la idea de los pastores con “olor a oveja”, su imagen de la Iglesia como “hospital de campaña” y su insistente llamada a llevar la misericordia “a todos, a todos, a todos”. Oración ante la sepultura Tras la misa, los cardenales se congregaron ante la tumba decorada hoy con flores amarillas y blancas y una vela, para rezar todos juntos ante su sepultura. La tumba Francisco se encontraba bajo la vigilancia discreta de dos miembros de la Guardia Suiza Pontificia, que custodiaban en actitud solemne ambos lados del sepulcro en señal de respeto y cumpliendo su misión histórica de protección de los pontífices. Los acompañaban dos gendarmes del Estado de la Ciudad del Vaticano. El homenaje a Francisco reunió a cardenales, obispos, religiosos y decenas de fieles, que siguieron la ceremonia tanto desde el interior del templo, que se llenó ponto, como desde el exterior, a través de una pantalla gigante. Gran afluencia de fieles para recordar a Francisco En la basílica de Santa María la Mayor suele registrarse normalmente una elevada afluencia de peregrinos procedentes de todo el mundo, una presencia que se ha intensificado especialmente en los días cercanos al aniversario de la muerte de Papa Francisco, cuando se ha multiplicado el número de fieles que acuden a rezar ante su tumba. Muchos le agradecen su intercesión, su legado, sus enseñanzas. Algunos se arrodillan para rezar, otros dejan alguna flor, como los hinchas del equipo de fútbol argentino San Lorenzo de Almagro, del que el Pontífice era aficionado, otros simplemente se recogen en silencio. En el ambiente se percibe un profundo respeto y devoción. En un clima de recogimiento y solemnidad litúrgica, se ha evocado la figura de un pastor que eligió estar cerca de los últimos y que, hasta el final de su vida, quiso dejar como legado un mensaje de misericordia. Un mensaje de amor Rafael Montenegro Marín, científico costarricense que actualmente reside en Londres, destaca la huella que Francisco dejó en su vida: “He venido por una conferencia y decidí pasar por aquí; mi madre me pidió que le rezara para que intercediera por la familia”, explica a los Medios Vaticanos. Recuerda al Pontífice fallecido como una figura decisiva para la Iglesia actual: “Fue un Papa diferente, acercó la Iglesia a los jóvenes, eso tiene que continuar. Siempre impulsó un mensaje de amor, que nos hace mucha falta, para quitar tanto miedo y reemplazarlo por ese amor que él logró expresar y transmitir”. “Fue un Papa muy querido”, concluye junto a la sepultura. Carlos Ulloa, periodista mexicano, ha visitado por primera vez la tumba del pontífice en este aniversario de su fallecimiento. Lo conoció en la Jornada Mundial de la Juventud de 2023 en Lisboa y lo recuerda como “un pastor cercano”: “Era Papa muy humano. Para los jóvenes su mensaje principal fue claro, directo y sencillo: ‘Dios te ama’”. Destaca también el esfuerzo constante de Francisco por acercar a los jóvenes a la Iglesia: “Buscaba que regresáramos, que entendiéramos que la Iglesia es para todos”.  Y añade: “Hay mucha gente que lo visita, que reza por él, que lo sigue teniendo presente. Se ganó el cariño de la gente por lo humano que fue”. Su magisterio sigue muy presente en los fieles. “Siempre sentí que no te miraba desde arriba, sino a la misma altura. Venir aquí es como agradecerle todo lo que nos dejó en el corazón”, apunta María Fernanda Hernández, peregrina colombiana. “Nos enseñó a mirar a los pobres con ternura y misericordia y no con distancia. Su forma de hablar era sencilla, pero muy profunda.

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Renovar a la humanidad

El Papa: Renovar a la humanidad a una comunión de vida desde la fe León XIV en Annaba, Argelia, reflexiona sobre el llamado a la conversión, y el testimonio de San Agustín: “nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios”  Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano El Papa León XIV celebra la misa en la Basílica de San Agustín en Annaba, invitando a los cristianos de Argelia a permanecer “en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo”. “Hoy escuchamos el Evangelio, buena noticia para todos los tiempos, en esta basílica de Annaba dedicada a san Agustín, obispo de la antigua Hipona”, dijo el Papa en la homilía reiterando el llamado de Jesús: «ustedes tienen que renacer de lo alto» (Jn 3, 7).    “¡He aquí la invitación para todo hombre y toda mujer que busca la salvación! Del llamado de Jesús brota la misión para toda la Iglesia y, por tanto, para la comunidad cristiana de Argelia: nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios” La conversión “un don de libertad” El Santo Padre afirma que es “un don de libertad” que otorga el Señor, “pero debemos hacerlo según su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida, que comienza con la fe”. Quien a su vez da fuerza para hacerlo, y retoma palabras del San Agustín, “que le dice al Señor: Dame lo que mandas y manda lo que quieras (Confesiones, X, 29, 40)”. Y presenta la experiencia del mismos San Agustín de este nacer de nuevo: “antes que por su sabiduría, lo contemplamos por su conversión”, dijo el Papa. “En este renacer, providencialmente acompañado por las lágrimas de su madre, santa Mónica, llegó a ser él mismo exclamando: «Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí; pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en ti?» (Confesiones, I, 2)”. Una humanidad renovada Y destaca de igual modo el testimonio de las comunidades cristianas de los Hechos de los Apóstoles, como una “humanidad renovada por el Espíritu Santo (cf. Hch 4,32-37)”. “También hoy es necesario -dice el Pontífice- acoger y realizar este canon apostólico, meditándolo como auténtico criterio de reforma eclesial; una reforma que comienza en el corazón, para ser verdadera, y concierne a todos, para hacerse eficaz”. Y detalla algunas características de esa comunidad: “a Iglesia naciente no se basa, por tanto, en un contrato social, sino en una armonía en la fe”. En segundo lugar, “transformando la posesión en don, esta entrega fraterna no representa una utopía más que para los corazones rivales entre sí y las almas ávidas de sí mismas”. Y, por último, “los Apóstoles proclaman que nuestra vida puede cambiar porque Cristo ha resucitado de entre los muertos” Testimonio en la caridad Finalmente, el Papa exhorta a los cristianos de Argelia, a dar testimonio “del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven”. “Aquí san Agustín amó a su grey buscando la verdad con pasión y sirviendo a Cristo con fe ardiente. Sean herederos de esta tradición, dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad de quien nace de lo alto como esperanza de salvación para el mundo”, concluyó.  Le agradecimiento del Papa Antes de concluir la misa el Papa agradeció “a las autoridades civiles, por la atenta hospitalidad que he recibido y por el esmero con que han velado por el éxito de mi visita a Argelia. Considero este viaje como un regalo especial de la Providencia de Dios, un regalo que, a través de un Papa agustino, el Señor ha querido hacer a toda la Iglesia”. E invitó a dirigirse a Dios con humildad, reconociendo “que la situación actual del mundo, como una espiral negativa, depende en el fondo de nuestro orgullo”. “Necesitamos de Él, de su misericordia. Solo en Él encuentra paz el corazón humano y solo con Él podremos, todos juntos, reconociéndonos como hermanos, caminar por los caminos de la justicia, del desarrollo integral y de la comunión. Muchas gracias a todos”, dijo.

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La Parroquia San José de Paraguachí celebra con fe y esperanza la Solemne Vigilia Pascual

La Parroquia Nuestro Señor San José de Paraguachí Celebra con fe y esperanza la Solemne Vigilia Pascual Con profunda fe y devoción, la comunidad parroquial de la Parroquia Nuestro Señor San José de Paraguachí celebró la noche del pasado sábado 4 de abril la Solemne Vigilia Pascual, presidida por el párroco, el Pbro. Emmanuel González Marcano. En un ambiente de recogimiento y fervor espiritual, los fieles se congregaron en torno al Fuego Nuevo, signo que marcó el inicio de esta noche santa, para celebrar la victoria definitiva de la Vida sobre la muerte. Unidos como familia parroquial, los asistentes vivieron intensamente el paso de las tinieblas a la Luz de Cristo, renovando sus promesas bautismales y reavivando la esperanza en el Resucitado. Uno de los momentos más significativos de la celebración fue el canto del Pregón Pascual, cuyo eco resonó con fuerza en el templo, proclamando que el Amor ha vencido a la muerte. Las voces de la asamblea se unieron, en un solo espíritu, para anunciar que Cristo, nuestra Luz, brilla para siempre. Tras la espera del Sábado Santo, el repique jubiloso de las campanas anunció la gran noticia de la fe cristiana: ¡el sepulcro está vacío! La Liturgia de la Palabra permitió a los presentes recorrer las maravillas que Dios ha obrado a lo largo de la historia de la salvación, culminando en el banquete eucarístico, donde la comunidad se encontró con Cristo Resucitado.   Esta celebración no solo fortaleció la fe de los participantes, sino que también reafirmó el compromiso de vivir con intensidad el tiempo pascual, recordando que la muerte no tiene la última palabra. La parroquia expresó su agradecimiento a todos los que hicieron posible esta hermosa liturgia, así como a quienes acompañaron en esta noche santa, signo de unidad y esperanza. Finalmente, se elevó una oración para que la bendición de San José proteja siempre a toda la comunidad parroquial durante este tiempo de Pascua, invitando a todos a seguir caminando en la luz de Cristo Resucitado.

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